Lo primero que quiero advertiros es que no es ninguna broma ni una exageración sacada de contexto. Todo lo que vais a leer ocurrió de verdad. En el podcast “Solo para culés”, varios tertulianos vinculados al entorno del FC Barcelona, entre ellos Jota Jordi, se lanzaron a denunciar que el sistema arbitral español está “viciado y corrupto”. Resulta curioso escuchar eso precisamente desde el club que durante años estuvo pagando al número dos de los árbitros. Pero ahora, como ya no hay favores ni sobresueldos, parece que los arbitra jes normales se han convertido en una conspiración mundial contra ellos.
La escena roza lo esperpéntico. Uno de los colaboradores llegó a proponer, completamente en serio, elevar las quejas a organismos internacionales como la ONU, la UNESCO o incluso la OMS, como si los arbitrajes de Liga fueran un conflicto diplomático o una pandemia. Sí, habéis leído bien: hablaron de la Organización de las Naciones Unidas, la UNESCO y la Organización Mundial de la Salud. Todo porque consideran que el sistema les perjudica. El nivel de dramatismo de Jota Jordi es tal que parece una parodia… pero no lo es. Es la narrativa victimista llevada al extremo. También te puede interesar: CONFIANZA PERDIDA. Florentino “da un giro” en su opinión de Arbeloa como futuro entrenador del R.Madrid
Nos quieren dar lecciones los del Caso Negreira
Lo más llamativo es la amnesia selectiva. Hablan de corrupción cuando el propio Barça, bajo la presidencia de Joan Laporta, mantuvo durante años relaciones económicas con el entorno de José María Enríquez Negreira, ex número dos del CTA. Es decir, cuando ellos influían en el sistema, todo estaba perfecto; ahora que nadie les debe nada, resulta que el mundo está en su contra. Pasar de beneficiarte del sistema a denunciarlo como si fuera una dictadura arbitral es, como mínimo, un ejercicio de cinismo monumental.
Sinceramente, más que indignación, lo que provocan estas declaraciones de Jota Jordi es sonrojo ajeno. Convertir derrotas deportivas en conspiraciones globales y pedir la intervención de organismos internacionales demuestra hasta qué punto se ha instalado el victimismo como forma de vida. Mientras unos compiten en el campo, otros parecen querer hacerlo en los despachos… o directamente en la ONU. Si esta es la línea argumental del barcelonismo mediático, el ridículo ya no tiene techo, y lo peor es que aún habrá quien lo compre como si fuera un acto de justicia histórica.