JOTA REAL MADRID

El Madrid que Amamos (II). Del 2000 al 2025

El Madrid que Amamos (II). Del 2000 al 2025

Prologo

La primera vez que escuch? el nombre de Florentino P?rez no fue en el a?o 2000, cuando sacudi? al f?tbol mundial prometiendo a Luis Figo. Fue bastante antes, a mediados de los noventa, en aquellas elecciones en las que se enfrentaba a Ram?n Mendoza, el presidente que hab?a marcado mi infancia.

Yo entonces era un adolescente, estudiante de instituto, y ve?a el club a trav?s de los ojos de aquel Real Madrid que me hab?a hecho crecer: la Quinta del Buitre, las cinco ligas consecutivas, las noches europeas de emoci?n y frustraci?n. Mendoza, con todos sus claroscuros, representaba esa etapa, el Madrid de mi ni?ez, el de mis primeras pasiones como aficionado.

Cuando apareci? Florentino, ingeniero, empresario, traje impecable y discurso de modernidad, para m? era casi un intruso. No lo recib? con entusiasmo. En mi cabeza, Florentino no encajaba en el Madrid que yo hab?a amado hasta entonces. Me parec?a demasiado distante, demasiado corporativo. Frente a ?l, Mendoza a?n representaba un club cercano, visceral, de figuras que se sent?an como de la familia.

No pod?a imaginar entonces que ese hombre que yo ve?a con desconfianza acabar?a por cambiarlo todo: la presidencia, la gesti?n, la forma de entender al Real Madrid, incluso la manera en que yo mismo lo vivir?a en los a?os siguientes.

Cap?tulo 1 ? Florentino y la promesa de Figo

Figo, emblema del Bar?a (1995?2000)

Antes de ser promesa electoral, Luis Figo era el estandarte del FC Barcelona. Aterriz? en 1995 desde el Sporting de Portugal y, en muy poco tiempo, pas? de fichaje ilusionante a referente absoluto del vestuario, uno de los hombres que m?s a menudo portaba el brazalete y, sobre todo, capit?n moral para la grada. Figo no solo jugaba en la banda: ordenaba el ataque, marcaba el ritmo y pon?a car?cter en noches grandes. En un Camp Nou que se reconoc?a en su equipo, ?l era gesto, pausa y rebeld?a.

Su primer Bar?a fue el de Bobby Robson (1996?97), un a?o volc?nico en el que convivieron un Ronaldo imparable, el propio Figo y una colecci?n de partidos que parec?an highlights permanentes. Ah? se vio al Figo m?s directo: regate corto, cintura para desbordar en un palmo y centro tenso al ?rea. Con Robson llegaron una Recopa de Europa, una Copa del Rey y una Supercopa de Espa?a: un triplete dom?stico-europeo que devolvi? al equipo la sensaci?n de inevitabilidad. Cuando Figo recib?a abierto a la derecha, la jugada ya ten?a intenci?n.

Despu?s vendr?a Louis van Gaal (1997?2000) y, con ?l, la versi?n m?s t?ctica e influyente de Figo. En un Bar?a que buscaba automatismos y posicionalidad, el portugu?s se convirti? en bisagra del sistema: desde la derecha ensanchaba, atra?a ayudas y liberaba pasillos para las llegadas interiores de Rivaldo o las rupturas de Kluivert. Fue tambi?n el tiempo de los t?tulos ligueros consecutivos (1997?98 y 1998?99) y de otra Copa del Rey (1997?98), m?s la Supercopa de Europa (1997) y otra Supercopa de Espa?a (1998). En la memoria cul?, esa etapa se recuerda con Figo dominando duelos contra laterales que sab?an que, aun adivinando el amague, no lo pod?an frenar.

El Figo de esos a?os combinaba tres cosas dif?ciles de juntar:

  • T?cnica de ?lite (primer control orientado, cambios de ritmo, fintas de hombro).
  • Lectura del juego (saber cu?ndo acelerar y cu?ndo dormir el partido).
  • Car?cter competitivo (capacidad para ?mandar? en los cl?sicos y en las noches europeas).

Por eso, para el barcelonismo, Figo era m?s que un extremo. Era s?mbolo de autoridad en el campo y rostro de una identidad que mezclaba talento con orgullo. En la grada, su figura se convirti? en seguro emocional: si el partido se torc?a, el bal?n a Figo; si hab?a que enfriar, Figo; si tocaba encender al estadio, otra arrancada de Figo. Y, aunque Pep Guardiola era el capit?n principal y referente de la casa, Figo ejerc?a como l?der permanente: tomaba la responsabilidad, hablaba con ?rbitros, proteg?a a los suyos y se ofrec?a una y otra vez.

Tambi?n estaba su relaci?n con la prensa y la ciudad. En aquellos a?os, Mundo Deportivo y Sport lo llevaban a portada como garant?a de grandeza; era la figura que hilaba la transici?n del Bar?a noventero ?de Koeman, Stoichkov o Guardiola? hacia un equipo que ambicionaba dominar desde la pizarra de Van Gaal sin perder el filo competitivo. Para el aficionado cul?, Figo encarnaba pertenencia: un extranjero que jugaba ?como si fuera de la casa?, con una mezcla de raza y elegancia que el Camp Nou celebraba de pie.

En lo estrictamente futbol?stico, su evoluci?n fue evidente:

  • 1995?97: m?s vertical y agresivo, encarador puro, socio ideal del ?9?.
  • 1997?2000: m?s director de orquesta desde la banda, decisivo en la construcci?n y en la ?ltima acci?n (centro, pase interior o falta lateral).
  • Siempre: personalidad en los momentos que definen temporadas.

As? se lleg? al cambio de milenio: con Figo instalado como t?tem. Para el vestuario era jerarqu?a; para el banquillo, el jugador que sosten?a el plan; para la grada, orgullo. Y para el barcelonismo, una certeza: con ?l en el campo, el Bar?a siempre ten?a algo m?s que el rival.

Hasta ah?, Figo todav?a era el Bar?a. Y por eso, cualquier rumor que lo situara lejos del Camp Nou sonaba, entonces, a ciencia ficci?n.

Con la campa?a electoral del Real Madrid al rojo vivo, Paulo Futre ?exestrella portuguesa? entra en escena como intermediario entre el entorno de Florentino y el de Figo. En el documental y en entrevistas posteriores, Futre describe maniobras de alta tensi?n (incluido un ?farol? telef?nico de 30?40 segundos que, seg?n ?l, desbloque? la operaci?n) y confirma que su papel fue empujar a que las partes se sentaran a cerrar el trato. The Independent+1

La pieza clave es el preacuerdo: el agente Jos? Veiga firma con el candidato Florentino un compromiso con penalizaci?n de ~30 millones de euros si, ganando las elecciones, Figo no se presentaba en el Bernab?u. Ese gancho financiero es el que hace que Veiga y Futre vuelen de urgencia a Cerde?a cuando perciben que el jugador no quiere dar el paso definitivo. La escena, contada con pelos y se?ales, los muestra literalmente persiguiendo a Figo por el resort para convencerle de viajar a Portugal y decidir cara a cara. El Pa?s

De ah? sale la siguiente estaci?n: Lisboa. Las versiones period?sticas que reconstruyen el caso explican que Figo acepta volar a Portugal para verse con Florentino P?rez y escuchar la oferta final: rol central, proyecto ganador y el pago de la cl?usula. Es en ese cara a cara donde la promesa electoral se convierte, de facto, en pacto.

Mientras tanto, en Barcelona, Joan Gaspart intenta la contrajugada. En testimonios de la ?poca recogidos a?os despu?s, el entonces dirigente afirma que estuvo dispuesto a poner 500 millones de pesetas (la penalizaci?n que, seg?n Figo, deb?a afrontar si incumpl?a lo firmado por su agente) para retenerle. Aun con esa promesa sobre la mesa, el jugador vol? a Madrid y la historia sigui? su curso. ESPNdeportes.com

En suma: Cerde?a como tablero de crisis, Futre como intermediario insistente, Veiga como ejecutor del preacuerdo, Lisboa como punto de no retorno y Gaspart intentando, ya a ?ltima hora, neutralizar el anzuelo contractual.

El anuncio: incredulidad y un giro personal

El 24 de julio del a?o 2000, Florentino P?rez cumpli? su palabra: present? a Luis Figo como nuevo jugador del Real Madrid en el palco de honor del Santiago Bernab?u. Fue un acto que estremeci? al mundo del f?tbol y que abri? una era nueva en el club. Figo, a?n con semblante serio, posaba con la camiseta blanca mientras la prensa internacional recog?a titulares que hablaban de ?traici?n?, ?golpe de estado? y ?el fichaje del siglo?.

La reacci?n fue inmediata. En Barcelona, el Camp Nou se sinti? traicionado: su capit?n hab?a cambiado de bando, y no por cualquier rival, sino por el eterno enemigo. En Madrid, la afici?n oscilaba entre la incredulidad y la euforia. La promesa de Florentino se hab?a materializado en apenas semanas: el capit?n del Bar?a vestido de blanco.


Mi vivencia personal

Yo estaba en la universidad, con 20 a?os, y tengo que confesarlo: flip?. No me lo cre?a. Hab?a crecido con un Madrid poderoso en los 80, me hab?a desilusionado en los 90, y en aquellos primeros a?os de independencia universitaria me hab?a alejado un poco del club. Pero aquel anuncio me sacudi? de golpe.

El hecho de que Florentino fuera capaz de arrancar al Bar?a a su s?mbolo m?s grande, de cumplir con algo que sonaba imposible, me hizo mirarlo con otros ojos. Si hasta entonces lo hab?a visto como un empresario fr?o, alejado de la pasi?n del madridismo, ese d?a pens?:
?Ojo, este hombre merece la pena. Este puede cambiar la historia.?

Cap?tulo 2 ? El robo al Bar?a y el regreso de la ilusi?n

Si algo convirti? el fichaje de Figo en una jugada maestra no fue solo la dimensi?n deportiva, sino la simb?lica. Para el madridismo, no se trataba ?nicamente de incorporar a un gran jugador: fue un aut?ntico golpe de mano al eterno rival. El capit?n del Bar?a, el s?mbolo del Camp Nou, cruzaba la frontera hacia Chamart?n.

La prensa lo describi? como un ?robo? en toda regla, un movimiento que dej? herido al barcelonismo y que devolvi? al Real Madrid un aire de superioridad hist?rica. En aquel verano del 2000, se recuper? una sensaci?n perdida: la de que el Madrid no solo compet?a en el campo, sino tambi?n en los despachos, marcando el ritmo del f?tbol espa?ol y europeo.


Y yo, que por aquellos a?os de universidad me hab?a ido alejando del equipo, volv? a sentir la ilusi?n de los 80. El simple hecho de ver a Figo de blanco me devolv?a la motivaci?n de seguir cada partido de Liga. Recuerdo c?mo, de repente, empezaba a esperar el fin de semana para ver de nuevo al Madrid con su nueva megaestrella.

Era un sentimiento muy particular: por un lado, me fascinaba el espect?culo deportivo; por otro, disfrutaba ?lo reconozco? de la herida abierta en el Bar?a, del enfado en su afici?n, de ese runr?n de traici?n que llenaba tertulias, bares y portadas. Era como si el Madrid hubiera recuperado un aura de poder que hac?a tiempo no sent?a.


Florentino, autoridad emergente

En paralelo, la figura de Florentino P?rez comenzaba a crecer. Si hasta entonces hab?a sido un candidato atrevido, tras el fichaje de Figo se transform? en un presidente con autoridad moral entre los socios y con un respaldo medi?tico imponente. Cumpli? lo prometido, devolvi? orgullo y, sobre todo, puso al Real Madrid en el centro de todas las conversaciones.

Desde ese momento, Florentino dej? de ser simplemente el ingeniero que hab?a osado retar al establishment. Para el madridismo, pas? a ser el hombre que pod?a devolver al club a la cima del mundo.

El fichaje de Figo cost? mucho dinero, s?, pero no fue un salto al vac?o. Desde el primer d?a, Florentino movi? dos palancas: asumir riesgos personales (los famosos avales exigidos por la Ley del Deporte para presidir un club no-SAD) y reordenar el balance con una operaci?n urban?stica y patrimonial que sane? al Real Madrid. En Espa?a, desde 1990 los directivos de estos clubes deben garantizar el 15% del presupuesto con avales; el propio Florentino lo ha recordado p?blicamente como parte del riesgo personal que asumi? al llegar. www.20minutos.es – ?ltimas Noticia

La pieza maestra financiera lleg? en 2001: la recalificaci?n y venta de la antigua Ciudad Deportiva en la Castellana. Aquellos terrenos, revalorizados por un nuevo planeamiento urban?stico, se dividieron: una parte cedida al Ayuntamiento y a la Comunidad de Madrid y el resto vendido a grandes corporaciones ?entre ellas Repsol YPF, Mutua Madrile?a, Sacyr y OHL? por un importe total cercano a los 480 millones de euros. Con ese ingreso extraordinario el club elimin? deuda y gan? m?sculo para invertir en el proyecto deportivo (la ?era gal?ctica?), mientras preparaba su nueva ?ciudad? en Valdebebas. Diario ABC+1

Aquella operaci?n, muy pol?mica en su d?a, fue revisada por las autoridades europeas y termin? archivada: Bruselas desestim? que hubiese ?ayuda de Estado? en la venta y recalificaci?n, y a?os m?s tarde la justicia europea volvi? a respaldar acuerdos urban?sticos relacionados (como la llamada ?operaci?n Cuatro Torres?). Es decir, con el tiempo la legalidad de esas permutas y ventas qued? ratificada en sede europea. El Pa?s+1

Para calibrar el contexto: distintas cr?nicas econ?micas de la ?poca reflejan que el Madrid arrastraba tensiones de deuda al cierre del ciclo anterior; la inyecci?n patrimonial de 2001 fue el punto de inflexi?n que permiti? pasar de ?apagar fuegos? a planificar. Desde entonces, el club public? memorias econ?micas detallando crecimiento de ingresos y reordenaci?n del pasivo, con el estadio y la marca como ejes. (A t?tulo ilustrativo: la prensa situaba la deuda exigible en el entorno de finales de los 90/principios de 2000 y destacaba el vuelco que supuso la venta de la Ciudad Deportiva). Diario ABC+1

?Qu? signific? todo esto para nosotros, los aficionados? Que mientras celebr?bamos el ?robo? simb?lico al Bar?a, se estaba levantando un plan para que el Madrid no solo ganara prestigio deportivo, sino que recuperara solvencia. Y ah? es cuando ?en lo personal? yo empec? a ver a Florentino no solo como ?el presidente que trae a Figo?, sino como alguien con autoridad y un mapa econ?mico claro para devolver al club a un liderazgo sostenible.

En aquel verano milenarista, Florentino no solo estaba fichando estrellas; estaba redefiniendo la presidencia del Real Madrid. Romp?a con el arquetipo que conoc?amos: ya no era el presidente carism?tico, cercano, de tratos directos con jugadores y capotes en rueda de prensa; quer?a ser un empresario del deporte, un gestor que alineaba finanzas, marca, proyecci?n internacional y rendimiento. Eso lo pon?a en la diana desde el primer d?a.

Para m?, como aficionado universitario que volv?a a engancharse al club, esa imagen emergente me fascinaba. Sent?a que el Madrid dejaba de depender solo de sus fichajes y de su historia: ahora quer?a depender de un liderazgo sistem?tico, con planificaci?n, con riesgo medido. Y al ver que Florentino estaba dispuesto a colocar su propio patrimonio como aval, a reordenar la ciudad deportiva, a proyectar un crecimiento deportivo ligado al financiero, comenc? a pensar: este hombre no solo promete, sino que sabe lo que hace.

Pero no todos lo ve?an as?. Las cr?ticas medi?ticas emergieron r?pido. Algunos columnistas lo acusaban de ?mafioso futbol?stico?, de querer convertir el club en una empresa financiera disfrazada de escudo hist?rico. La revista Don Bal?n, en aquel entonces gran voz cr?tica del f?tbol hispano, dedic? editoriales se?alando que ?Florentino compra relato, no ra?ces.? Algunos articulistas de El Mundo Deportivo tambi?n pon?an el acento en que trasladar la Ciudad Deportiva (venta-recalificaci?n) era ?una traici?n al madridismo patrimonial?.

Y no faltaban voces que apuntaban al estilo autoritario: que impondr?a decisiones sin debate, que actuar?a como si fuera director general del Real Madrid S.A. antes que presidente social. Esa transformaci?n del poder simb?lico del club en poder empresarial generaba incomodidad en quienes no hab?an visto venir un cambio tan radical.

As?, ese ?antes y despu?s? no era solo deportivo ni financiero. Era mental. Para muchos socios, antes el presidente era parte del Madrid tradicional ?y ahora, Florentino estaba probando que el siglo XXI pedir?a algo distinto: eficiencia, innovaci?n, riesgo calculado. Y aunque esa transici?n parec?a cruel para algunos, en mi cabeza comenzaba a calar la idea de que quiz?s, solo quiz?s, esto era lo que el club necesitaba.

La primera temporada de Figo (2000-01): un Madrid de vuelta al mando

El fichaje de Figo no solo hab?a sido un terremoto simb?lico: hab?a que demostrar en el campo que el Real Madrid volv?a a ser grande. El encargado de dirigir aquel vestuario no pod?a ser otro que Vicente del Bosque, el t?cnico sereno, pragm?tico, capaz de mantener la calma en medio de la euforia medi?tica y de un vestuario lleno de egos y nuevas expectativas. Con ?l, el Madrid encar? la temporada 2000-01 con una mezcla de ilusi?n y presi?n: hab?a que justificar lo que Florentino hab?a prometido.

La Liga fue la gran conquista. El equipo firm? un campeonato s?lido, con un Ra?l en estado de gracia, m?ximo goleador con 24 tantos, y con un Figo que, m?s all? de los n?meros, transmit?a jerarqu?a y desequilibrio en cada partido. El t?tulo se cerr? con brillantez en un 5-0 ante el Alav?s en el Bernab?u, a tres jornadas del final. Esa tarde, el estadio explot?: hab?a vuelto la sensaci?n de mandar en Espa?a. Despu?s de un final de los 90 donde el Bar?a, el D?por o el Valencia hab?an puesto en entredicho la hegemon?a blanca, el Madrid recuperaba su sitio.

En Europa, la Champions fue un viaje vibrante que se torci? en la pen?ltima curva. Tras superar dos fases de grupos ?ese formato tan peculiar de la ?poca? y tumbar al Galatasaray con una remontada ?pica en el Bernab?u, el Madrid se plant? en semifinales contra el Bayern de M?nich. Fue all? donde el sue?o se trunc?: derrota 0-1 en Chamart?n y 2-1 en M?nich, en una eliminatoria marcada por la solidez germana. Aun as?, el torneo dej? un mensaje: el Madrid volv?a a estar entre los cuatro mejores de Europa, y el proyecto empezaba a tener credibilidad.

No todo fueron alegr?as. La Copa del Rey trajo una de esas noches negras que se recuerdan durante d?cadas: la eliminaci?n a manos del modesto Toledo, en el Salto del Caballo. Un 2-1 doloroso que devolvi? al madridismo a la realidad y dio munici?n a los cr?ticos de Florentino, que dec?an que el Madrid fichaba estrellas pero no respetaba las competiciones dom?sticas.

A nivel internacional, tampoco hubo fortuna: primero la Supercopa de Europa perdida contra el Galatasaray en M?naco con un gol de oro, y despu?s la derrota en la Intercontinental de Tokio frente a Boca Juniors, con dos zarpazos tempranos de Mart?n Palermo que dejaron al Madrid sin t?tulo mundial.

Pero pese a esos tropiezos, el ambiente en Chamart?n era otro. La Liga devolvi? confianza, Figo se convirti? en un referente inmediato, y Del Bosque dio al equipo esa sensaci?n de continuidad necesaria para calmar los ?nimos tras el terremoto del verano. En lo personal, recuerdo aquella temporada como el regreso de la ilusi?n: cada fin de semana volv?a a tener motivos para esperar con ganas el partido, para engancharme al televisor y sentir que el Madrid volv?a a mandar. Despu?s de a?os de cierta apat?a, aquel equipo me hac?a volver a vibrar, incluso cuando los t?tulos europeos se escapaban.

El madridismo estaba convencido de que Florentino no solo hab?a cumplido con su palabra, sino que hab?a abierto una era: el Madrid volv?a a ser protagonista, en la cancha y en los despachos.