JOTA REAL MADRID

Mourinho y el Real Madrid un reencuentro cargado de pasado… y de presión

El Real Madrid se juega su clasificación directa a los octavos de la Champions en Da Luz, pero el duelo tiene un ingrediente añadido imposible de ignorar: José Mourinho. El técnico portugués se cruza de nuevo en el camino del club al que marcó una época y al que nunca ha ocultado su admiración. El destino ha querido que el Madrid pueda convertirse, precisamente, en su juez europeo.

Para el Benfica, el partido es una auténtica final. Los lisboetas necesitan ganar para aspirar, al menos, a engancharse al play-off de la Champions, aunque ni siquiera una victoria les garantiza seguir con vida, ya que dependen de otros resultados. Un escenario límite que llega tras una temporada cargada de frustraciones.

El conjunto de Mourinho ha quedado eliminado de la Copa a manos del Oporto, cayó en semifinales de la Copa de la Liga ante el Braga y en la Liga portuguesa marcha tercero, lejos del liderato. La impaciencia se ha instalado en la grada y el pasado fin de semana se vivió uno de los momentos más tensos del curso. Cerca de 200 ultras acudieron al entrenamiento y el club permitió su entrada. Mourinho, fiel a su estilo, dio la cara. Lo hizo acompañado de los capitanes, con Otamendi al frente, y con la presencia de Simão Sabrosa, ahora director técnico. Hubo charla, mensaje de unidad y una promesa clara: pelear hasta el final.

La respuesta llegó el domingo. Mourinho apostó por varios canteranos campeones del mundo sub-17 y el equipo reaccionó con una goleada (4-0) al Estrela da Amadora, un respiro anímico antes del gran examen europeo.

La llegada del técnico fue, en su día, una baza electoral clave de Rui Costa, consciente de que el club atravesaba un momento delicado. Mourinho aceptó el reto pese a las dificultades estructurales y a un calendario asfixiante, con apenas descanso tras el Mundial de Clubes, la Supercopa —que sí logró ganar— y dos rondas previas de Champions.

En Europa, el balance ha sido decepcionante. Con Mourinho al mando, el Benfica solo ha ganado dos de seis partidos, pero el portugués no quiere despedirse sin plantar cara. Busca un estadio lleno, más de 60.000 almas empujando desde el primer minuto, y un equipo que compita hasta el límite. Quizá no baste. Pero para él, medirse al Real Madrid siempre es algo especial.

La ironía es evidente. En un club marcado por la inestabilidad institucional y con elecciones recientes aún muy presentes, el futuro de Mourinho puede quedar ligado al resultado ante su ex equipo. El Madrid, una vez más, aparece en el momento decisivo. Y Mou lo sabe.

Publicaciones relacionadas