La temporada de Vinícius Júnior en el Real Madrid ha sido una montaña rusa. No por su rendimiento —que sigue estando a la altura de lo que se le exige al ‘7’— sino por todo lo que ha rodeado su figura en un curso marcado por la inestabilidad.
Su doblete ante el RCD Espanyol volvió a dejar dos certezas: su talento diferencial y su compromiso. Pero también contrastó con un contexto general donde ni el equipo ni el entorno han acompañado.
Intentó apagar incendios dentro y fuera
Lejos de esconderse, Vinicius ha sido de los pocos que ha dado un paso al frente. Tras una de las pitadas más duras que se recuerdan en el Bernabéu, asumió el golpe y pidió perdón a la afición. Lo volvió a hacer meses después, en un gesto que reflejó su intención de recomponer la relación con la grada.
También lo intentó en el vestuario. Como uno de los capitanes, promovió iniciativas para recuperar la unión del grupo, desde reuniones informales hasta encuentros fuera del entorno habitual. Un intento de volver a esa conexión que hoy parece lejana.
Un vestuario sin armonía
El problema va más allá de lo individual. El ambiente dentro del equipo ha cambiado. Donde antes había complicidad, ahora hay tensión. Los resultados han pasado factura y el vestuario lo ha acusado.
Ni siquiera el cambio de ciclo tras la salida de Xabi Alonso logró estabilizar la situación. El equipo no reaccionó y eso terminó afectando a todos, incluido Vinicius.
Amor al club… y necesidad de cambios
Pese a todo, el brasileño mantiene intacto su vínculo con el club. Quiere seguir en el Real Madrid y su idea es construir su futuro en el Bernabéu. Sin embargo, en su entorno reconocen cierto desgaste.
No es una cuestión puntual, sino la suma de muchos factores a lo largo del año. Vinicius entiende que hay cosas que deben cambiar para recuperar el equilibrio, tanto dentro como fuera del campo.
En medio del ruido, su figura sigue siendo central. Y su temporada, más allá de los números, refleja perfectamente el momento que atraviesa el Real Madrid.