Tal y como os comentaba esta mañana, Álvaro Arbeloa no es ningún ingenuo. Sabe perfectamente proteger a sus jugadores de cara a la galería y, si tiene que tirar del manual clásico de Ancelotti —hacer de escudo ante la prensa y asumir toda la presión—, lo va a hacer sin dudarlo. Otra cosa muy distinta es lo que luego decide puertas adentro, en el vestuario, donde realmente se toman las decisiones importantes. Y ahí es donde se ve al verdadero entrenador. Lo que diga fuera puede ser diplomacia; lo que haga dentro, pura convicción.
La mejor prueba de ello es la gran sorpresa del día: la entrada de David Jiménez en el once titular como lateral derecho para enfrentarse al Valencia en Mestalla. Un movimiento que muy pocos habrían imaginado teniendo disponibles a Trent Alexander-Arnold y a Carvajal, aunque no estén al cien por cien. Arbeloa ha preferido valentía antes que jerarquías. Apostar por un chico prácticamente desconocido en un partido de máxima tensión dice mucho del mensaje que quiere mandar al vestuario.
El once, en líneas generales, queda así: Courtois en portería; David Jiménez en el lateral derecho; Housen y Asencio como pareja de centrales; y Carreras regresando al lateral izquierdo. En el centro del campo estarán Valverde, Tchouaméni y Camavinga, un trío pensado para sostener el ritmo físico del partido. Es un equipo más trabajador que brillante, más músculo que floritura, lo cual tiene bastante sentido en un escenario como Mestalla, donde cada balón se pelea como el último.
En ataque, la responsabilidad recaerá sobre Arda Güler y Mbappé como grandes referencias ofensivas, acompañados por Gonzalo, que reaparece y tendrá una oportunidad importante para reivindicarse. Con varias bajas sensibles, el técnico busca hambre y piernas frescas. Hoy no juegan los nombres, juegan las ganas. Y eso, a veces, marca más la diferencia que cualquier galáctico.
En definitiva, es un once valiente, con decisiones que rompen el guion habitual. Arbeloa empieza a dejar pistas del entrenador que quiere ser: menos decretos y más meritocracia. Ahora toca verlo sobre el césped. Mestalla exigirá carácter, intensidad y personalidad. Si el equipo sale con actitud y hambre, puede ser un punto de inflexión. Si no, será otra tarde complicada. Veremos qué versión del Real Madrid aparece.