Está claro que en un equipo que se hunde, el downgrade individual es una cuestión de tiempo.
Si ya lo vimos con Rodrygo o Huijsen (del que la preocupación ha llegado hasta las altas esferas), ahora faltaba Bellingham.
Un brillo que ya no es el mismo
El inglés no termina de recuperar su mejor versión de la primera temporada en la que maravilló a todo el mundo, marcando goles hasta un número impropio para un jugador de su posición.
Pero claro, las necesidades mandaban: un R. Madrid que había perdido a Benzema in extremis y solo tenía como referencia visible a Vinicius (bastante mejor que ahora, por cierto).
El golpe que lo cambió todo
Entonces todo se truncó en ese maldito partido en el que el inglés se golpeó el hombro contra la hierba del Bernabéu y, desde entonces, no volvió a levantar cabeza.
Porque más allá de fogonazos aislados, el ex del Dortmund no ha vuelto a la regularidad que le caracterizó.
La pasada temporada, como el resto del equipo: desaparecido y fuera de forma. Y este año, pues más de lo mismo, aunque con mejor físico aparentemente y tras haberse operado finalmente del hombro.
La presión desde Inglaterra
Pero sus homónimos en la Premier no perdonan. Van a otro ritmo y están a punto de echar al inglés del combinado nacional.
Ya no es solamente que a Tuchel no le guste su actitud, es que los Palmer, Foden y Morgan Rogers se lo van a poner muy difícil.
Sin red en un equipo que no acompaña
Bellingham lo sabe, y el problema es que entramos en un momento de la temporada en el que no hay vuelta atrás, y por mucho que el jugador quiera hacer, si el desastre colectivo no cambia, poco podrá hacer él.
Nadie duda del talento del inglés, pero está claro que la importancia del equipo es crucial para resaltar actuaciones individuales.
Desafortunadamente, ese no es este Real Madrid de Xabi Alonso, en el que ya más de uno pide en silencio que todo acabe pronto por el bien común… e individual.
Cuando el equipo te arrastra
Porque es una verdad imperial: el equipo te ayuda a ganar, pero también te arrastra si no funciona. Que se lo pregunten a él… o a Endrick, otra víctima del caos técnico reinante.
En definitiva, poco margen de maniobra para que este jugador, por el que se pagaron 102 millones, no cierre su tercera temporada con un segundo fracaso estrepitoso.
Y muy cerca del club de los Camavinga o Rodrygo, que al final parece que no, pero después de años y años en la casa, aún seguimos esperando que rompan y se asienten, algo que personalmente ya ni espero.