Rafael Louzán, presidente de la Real Federación Española de Fútbol, ha pronunciado unas palabras importantes sobre el caso Negreira. El dirigente pidió que la justicia actúe cuanto antes y reconoció que algo semejante “jamás debió haber sucedido”.
Las declaraciones llegaron después del amistoso disputado entre las selecciones sub-20 de España y México en Majadahonda. Louzán señaló que una resolución judicial resulta necesaria para terminar con la interpretación recurrente que relaciona cada error arbitral con los pagos del Barcelona a José María Enríquez Negreira.
“Queremos que la justicia actúe cuanto antes”, afirmó el presidente federativo, antes de añadir que, cuando exista una resolución, la RFEF tomará buena nota de lo sucedido.
Un reconocimiento institucional relevante
Las palabras de Louzán no representan una condena contra el Barcelona. El procedimiento judicial sigue abierto y el club azulgrana mantiene que los pagos correspondían a informes y asesoramiento arbitral.
Sin embargo, resulta significativo que el máximo responsable de la Federación admita públicamente que aquella relación económica nunca debió producirse.
Negreira no era un analista cualquiera. Ocupaba la vicepresidencia del Comité Técnico de Árbitros mientras sociedades relacionadas con él recibían pagos millonarios y continuados del Barcelona.
Aunque no se haya demostrado que se compraran árbitros, partidos o títulos, la existencia de esa relación dañó profundamente la apariencia de neutralidad del sistema.
Por eso el problema no desaparecerá simplemente pidiendo a los aficionados que dejen de mencionar el caso.
¿Debe esperar la RFEF a la sentencia?
Louzán sostiene que primero debe hablar la justicia y que después la Federación tomará nota. Esa posición puede entenderse desde la prudencia institucional, pero también plantea una duda importante.
La responsabilidad penal y la deportiva no son exactamente lo mismo. Una conducta puede no terminar en condena judicial y, aun así, resultar incompatible con las normas éticas o disciplinarias de una competición.
La vía deportiva española quedó condicionada por los plazos de prescripción. Paralelamente, la UEFA mantiene la posibilidad de reactivar su expediente y la FIFA ha recibido nuevas denuncias relacionadas con la inacción federativa.
Esperar a los tribunales puede evitar decisiones precipitadas. Pero esperar indefinidamente también prolonga el daño reputacional.
El arbitraje necesita recuperar la confianza
Louzán tiene razón al señalar que el caso Negreira aparece en cada debate sobre errores arbitrales. Sin embargo, eso no ocurre únicamente por la insistencia del Real Madrid o de los medios madridistas.
Ocurre porque todavía no existe una explicación institucional capaz de cerrar todas las preguntas.
¿Por qué se permitió aquella relación? ¿Qué controles fallaron? ¿Qué conocían los responsables federativos? ¿Cómo puede garantizarse que una situación semejante no vuelva a repetirse?
Mientras estas cuestiones permanezcan sin una respuesta convincente, cualquier error grave reabrirá inevitablemente la herida.
Opinión de Doctor Jota
Las palabras de Louzán representan un pequeño cambio. Al menos el presidente de la RFEF reconoce que lo sucedido fue impropio y reclama rapidez a la justicia.
Pero no basta con “tomar nota” cuando llegue una sentencia. La Federación debe revisar sus propios mecanismos, esclarecer las responsabilidades internas y explicar cómo protegerá la independencia arbitral en el futuro.
Nadie pide que Louzán condene hoy al Barcelona sin resolución judicial. Lo que se exige es que la institución no trate el caso como una molesta interpretación del madridismo.
El problema no es que se hable demasiado de Negreira. El problema es que el fútbol español todavía ha explicado demasiado poco.
Si “jamás debió haber sucedido”, como reconoce Louzán, la RFEF debe asegurarse de que se investigue hasta el final y de que nunca pueda volver a suceder.