Lamine Yamal no quiere perderse ni un minuto. Y lo volvió a demostrar en el triunfo del FC Barcelona ante el Rayo Vallecano.
Corría el minuto 82 cuando Hansi Flick decidió sustituir al canterano, en un contexto lógico: el equipo ganaba 1-0, el desgaste físico era alto y el jugador tenía una amarilla.
Pero la reacción del joven extremo no pasó desapercibida.
“Siempre a mí…”
Las cámaras captaron su enfado mientras se dirigía al banquillo:
“Siempre a mí… madre mía, es de locos”
Gestos de desaprobación, comentarios en voz baja y una evidente frustración por abandonar el terreno de juego. No es la primera vez que Yamal muestra su ambición de jugarlo todo.
¿Cambio o arbitraje?
Aunque en un primer momento pareció un mensaje hacia el banquillo, algunas versiones apuntan a que su malestar podría ir dirigido al árbitro, tras varias decisiones que no le gustaron durante el partido.
Una amarilla incluida.
Flick le quita importancia
Desde el cuerpo técnico, la situación se maneja con normalidad. Flick entiende el carácter competitivo del jugador, pero también insiste en la necesidad de rotar y dar minutos a otros futbolistas.
En este caso, el relevo fue para Marcus Rashford.
Un talento que no quiere parar
La escena deja clara una cosa: Yamal tiene hambre. Mucha.
Quiere jugar todos los partidos, todos los minutos y asumir responsabilidades pese a su juventud.
Carácter de estrella
Ese tipo de reacciones, bien gestionadas, suelen formar parte del crecimiento de los grandes jugadores.
En el Barça lo saben. Y también saben que tienen entre manos a un futbolista diferente.
Con talento… y con carácter.