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¡VAYA PARIPÉ! La vergüenza ajena de los jugadores, Laporta y las elecciones del Barça

Joan Laporta ha vuelto a demostrar que, cuando se trata de convertir la política del FC Barcelona en un espectáculo, juega en otra liga. Lo que estamos viendo alrededor de las elecciones del Barça no parece una campaña normal, sino una puesta en escena perfectamente diseñada para reforzar su figura y enviar un mensaje muy claro al socio culé: Laporta quiere presentarse como el único salvador posible del club.

Sabíamos que con Laporta cualquier cosa podía pasar. De hecho, que el proceso electoral en el Barcelona se transformara en un auténtico show era algo que casi se daba por descontado. Sin embargo, lo que resulta todavía más llamativo es ver cómo jugadores y entrenador han cerrado filas con su presidente de una manera que genera una enorme sorpresa y, en muchos casos, una evidente sensación de vergüenza ajena.

Porque una cosa es la espontaneidad habitual de Laporta, su estilo impulsivo y su forma de dominar el foco mediático, y otra muy distinta es esta imagen de adhesión total que se ha proyectado desde el vestuario. La sensación es que Laporta ha conseguido arrastrar a todo el mundo a su relato, como si dentro del club ya nadie se atreviera a cuestionar públicamente su figura. Y eso, en un contexto marcado por problemas económicos, sanciones, tensiones institucionales y el Caso Negreira, resulta todavía más impactante.

Además, el panorama electoral tampoco ayuda a pensar en una alternativa real. Víctor Font aparece desaparecido, sin fuerza, sin presencia y sin capacidad para plantar batalla en serio. Y cuando enfrente no hay oposición de verdad, el terreno queda completamente despejado para que Laporta vuelva a moverse donde mejor se maneja: el del espectáculo, la escenografía y el golpe de efecto.

El hecho de aparecer arropado por jugadores y cuerpo técnico no es un detalle menor. Es un mensaje político, visual e institucional. Es una forma de trasladar al aficionado la idea de unidad total alrededor del presidente. Todo parece medido para reforzar la percepción de que el club, el vestuario y el futuro del Barça pasan obligatoriamente por Joan Laporta. Y mientras tanto, el único que muchos podrían imaginar alejándose de esa corriente, Ter Stegen, ni siquiera ha podido votar.

Lo más sorprendente de todo es que, pese a la situación que arrastra el club, Laporta parece seguir siendo inmune a cualquier desgaste. Ni las finanzas comprometidas, ni las multas, ni las posibles sanciones, ni la sombra permanente del Negreira Barça parecen hacerle un daño definitivo ante una parte importante del barcelonismo. Muy al contrario: sigue transmitiendo la sensación de que puede sobrevivir absolutamente a todo.

Y hay que reconocerle algo: Laporta domina como pocos la escena, los tiempos, los gestos y la narrativa. Sabe perfectamente cómo conectar con un sector de la afición al que le seduce el relato emocional, incluso por encima de la realidad de los hechos. Ese control del espectáculo le permite seguir vendiendo una imagen de fortaleza, incluso en medio de la tormenta. Y eso explica por qué muchos socios han terminado comprando la idea de que todo lo relacionado con Negreira fue poco menos que un montaje impulsado desde Madrid.

Visto todo esto, cuesta no quedarse asombrado. Las elecciones del Barcelona están dejando una imagen muy significativa del momento que vive el club: una institución donde el marketing político, la teatralización y la propaganda parecen pesar más que el análisis serio de la situación real. Y mientras tanto, buena parte de la afición culé sigue hacia adelante, dando otra patada al balón y confiando, una vez más, en el que muchos consideran ya el gran maestro del tocomocho institucional.

En definitiva, Laporta ha vuelto a imponer su show en el Barça. Ha conseguido que todo gire a su alrededor y, salvo giro inesperado, todo apunta a que volverá a salir reforzado. Si eso es lo que quiere el socio blaugrana, poco más se puede decir. Adelante con el paripé. Y que Dios reparta suerte.

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