Se agita el vestuario del Real Madrid. Según informan Guillermo Rai y Mario Cortegana, Álvaro Arbeloa ya no cuenta con el respaldo total del plantel.
Cuando aterrizó en el banquillo blanco, el impacto fue inmediato. Se respiraba aire nuevo. Más intensidad, más cercanía, una sensación de reinicio tras semanas turbulentas. Pero el efecto inicial se ha ido diluyendo con el paso de las jornadas.
En el último mes, el estado de ánimo de varios futbolistas habría cambiado para peor. No se trata de una ruptura abierta, pero sí de un desgaste progresivo. Las derrotas, la acumulación de lesiones y la falta de respuestas en momentos clave han erosionado esa primera ola de entusiasmo.
Del impulso inicial a la incertidumbre
El llamado “efecto Arbeloa” sirvió como punto de inflexión anímico. Sin embargo, los resultados no han consolidado ese impulso. El equipo se ha mostrado irregular, frágil en defensa y dependiente de individualidades en ataque.
En el vestuario empiezan a surgir dudas. Sobre el plan. Sobre la gestión de cargas. Sobre las decisiones en determinados partidos. No es una rebelión, pero sí una señal de alerta.
Un momento delicado
El calendario no concede tregua. Liga apretada, Champions en el horizonte y un ambiente que deja de ser blindado. En el Madrid, cuando el vestuario deja de remar en bloque, el ruido crece con rapidez.
Arbeloa sigue teniendo margen, pero ya no goza del crédito absoluto que acompañó sus primeras semanas.
En el Bernabéu, la paciencia nunca es infinita.