Tal y como os comentaba el otro día, la llegada de Arbeloa iba a generar inevitablemente facciones dentro del vestuario. Esto no va de que todos los jugadores estén felices, sino de conseguir una armonía mínima que permita remar en la misma dirección. El problema es que cada decisión de un entrenador siempre deja enfadados, molestos y damnificados, y el Real Madrid, por mucho escudo que tenga, no es una excepción. Hay futbolistas encantados con el nuevo técnico y otros que no tanto.
Arbeloa ha tenido que tomar decisiones fuertes desde el primer momento. La más llamativa fue volver a dejar a Carvajal en el banquillo por décimo partido consecutivo y apostar por un canterano, incluso por delante de Alexander-Arnold. Son decisiones políticamente incorrectas, pero que marcan carácter y demuestran que no se casa con nadie. Y eso, aunque a muchos no les guste, es lo que define la personalidad de un entrenador que quiere tener el control total del grupo.
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Arbeloa ya tiene detractores
En ese sentido, hay una parte del vestuario que valora esa firmeza. Arbeloa protege mucho a sus jugadores en rueda de prensa, pero luego en privado no le tiembla el pulso para sentar a quien haga falta. No se deja llevar por jerarquías ni nombres, solo por lo que él cree que conviene al equipo. Esa actitud gusta a algunos, pero también genera tensiones internas, porque nadie quiere perder su sitio ni sentirse señalado.
Por eso se empieza a hablar de vestuario dividido. Hay futbolistas como Mbappé o Arda Güler que, según se comenta, se sentían más cómodos con Xabi Alonso, mientras que otros como Vinicius, Camavinga o Rodrygo prefieren a Arbeloa porque les protege más y les da mayor confianza. Se están formando pequeños bloques dentro del grupo, y eso nunca es una buena señal. No es una guerra abierta, pero sí un ambiente de opiniones cruzadas y recelos constantes.
Mbappé añora a Xabi Alonso
Ayer mismo se deslizaron más detalles: se habló de que Mbappé estaba más a gusto con el anterior técnico, que entre Carvajal y Arbeloa apenas hubo comunicación sobre su suplencia y que eso ha generado tirantez, e incluso que Tchouaméni prefiere no pronunciarse públicamente sobre ciertos temas internos. Cuando los jugadores empiezan a guardarse lo que piensan, es porque algo no fluye del todo. Son pequeñas grietas que, si no se controlan, pueden hacerse más grandes.
Ahora bien, todo esto forma parte del fútbol de élite. En cualquier gran vestuario hay egos, choques y discrepancias. La clave es que el grupo entienda que lo colectivo está por encima de lo individual. Si el vestuario no se une, no hay entrenador que lo salve; si se une, puede competir contra cualquiera. Veremos si Arbeloa logra apagar esos fuegos internos o si, por el contrario, estas tensiones terminan pasando factura en el momento más importante de la temporada.