Es cierto que todo lo que vimos ayer en este Valencia 0-2 Real Madrid, más allá de los tres puntos que nos permiten seguir a solo uno del Barcelona, dejó a buena parte del madridismo insatisfecho. El juego fue espeso, sin claridad de ideas, sin fluidez táctica y con muy poco movimiento de balón. El equipo volvió a transmitir sensación de atasco constante, de falta de creatividad y de ausencia total de un líder que organice el centro del campo. Y eso, evidentemente, preocupa porque no es algo puntual, sino que se viene repitiendo toda la temporada.
No tenemos un organizador, no hay nadie que junte líneas, que confabule, que marque el ritmo. El Madrid, a nivel futbolístico, ofrece muy poco. Pero hay una realidad que no se puede discutir. Este equipo, jugando mal, sigue ganando partidos. Y eso en el Real Madrid es oro puro. Porque en campos complicados, como Mestalla, donde históricamente siempre sufrimos, sacar un 0-2 no es ninguna tontería. Al contrario, es una victoria de muchísimo mérito que mantiene viva la Liga.
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Un Real Madrid más sólido atrás
Además, hay detalles que tampoco debemos despreciar. Es la tercera portería a cero en los últimos encuentros, algo impensable hace apenas unas semanas. El equipo ha ganado cierta solidez defensiva y un orden táctico que llevaba meses sin aparecer. Es verdad que el Benfica rompió la racha, pero el bloque se ve más compacto, más serio atrás y menos caótico. Y muchas veces los títulos se empiezan a construir precisamente desde ahí, desde no encajar.
Para Florentino, y en general para la historia del club, los resultados mandan. Siempre ha sido así. Los entrenadores viven o mueren por ganar, no por jugar bonito. Evidentemente a todos nos gustaría disfrutar más, dominar los partidos, golear y divertirnos, pero la situación es la que es. Arbeloa llegó en el peor momento posible, con la plantilla tocada, llena de bajas y con una dinámica negativa, y aun así está sacando los encuentros adelante. Y eso, como mínimo, es digno de reconocimiento.
Mucho esfuerzo pero poco fútbol
No olvidemos algo importante: muchas temporadas gloriosas del Madrid no se construyeron desde el fútbol brillante, sino desde la épica. Esfuerzo, sacrificio, remontadas y carácter. Este club no vive del “jogo bonito”, vive de competir y de ganar. Para espectáculo ya está el Barça; nosotros estamos aquí para sufrir si hace falta, pero levantar títulos. Esa ha sido siempre nuestra identidad.
Encima, la Liga sigue completamente abierta. Ese supuesto “super Barça” que tanto presume de juego solo está a un punto. Basta un tropiezo suyo para que todo cambie de golpe. Por eso no tiene sentido caer en el derrotismo. La temporada puede parecer gris en sensaciones, pero sigue muy viva en números. Y mientras los resultados acompañen, no podemos disparar contra todo.
Así que calma. Sí, el juego del Real Madrid no enamora, sí, faltan piezas y habrá que reforzar el equipo en verano, pero de momento Los Blancos siguen avanzando. Y mientras se siga ganando, nunca hay que despreciar lo que este escudo es capaz de hacer. Esto es largo, esto es el Real Madrid… y aquí hasta el último minuto puede pasar cualquier cosa.