Un vestuario que ya venía roto desde antes
Muchas veces pensamos que los problemas del Real Madrid han nacido esta temporada, pero lo cierto es que vienen de mucho más atrás. No es algo nuevo, no es cosa de dos partidos malos. Es una fractura que se fue gestando poco a poco, casi en silencio, desde la etapa de Xabi Alonso. Y lo que ha contado Tomás González Martín confirma precisamente eso: el vestuario ya estaba tensionado desde dentro.
Según el periodista, hubo enfrentamientos serios, discusiones fuertes y momentos límite que explican muchas cosas de lo que estamos viendo hoy sobre el césped. No era solo fútbol. Era ego, jerarquías y un choque frontal entre entrenador y futbolistas.
El caso Vinicius: tensión máxima
El primer nombre propio es el de Vinícius Júnior. Y aquí la cosa fue seria. Muy seria.
TGM asegura que “casi llegan a las manos”. Así, sin rodeos.
Los constantes cambios, las suplencias, las sustituciones tempranas y las correcciones públicas terminaron por desesperar al brasileño. Xabi quería moldearle tácticamente, hacerle más disciplinado, más colectivo. Pero el jugador lo interpretó como una persecución personal.
Se sintió señalado, vigilado y limitado.
Y cuando tocas el orgullo de una estrella mundial, el choque es inevitable. Vinicius dejó de escuchar. El técnico dejó de ceder. Resultado: explosión interna. Un conflicto que, según cuentan, jamás se cerró del todo.
Mastantuono: de protegido a problema
El segundo protagonista fue Franco Mastantuono. Y aquí el contexto es diferente, pero igual de delicado.
Xabi confiaba muchísimo en él. Le dio galones, titularidades y protagonismo desde el principio. Pero eso generó algo muy peligroso en un vestuario como el del Madrid: celos y sensación de privilegio.
Cuando su rendimiento bajó y el técnico decidió mandarlo al banquillo, el argentino no lo encajó nada bien. Reclamó minutos, pidió explicaciones y mostró su descontento. El problema es que el resto del grupo no entendía por qué tenía ese trato preferencial.
Pasó de apuesta de futuro a foco de fricción interna.
Florentino tomó nota… y cortó por lo sano
Todo ese cóctel terminó explotando. Y ahí apareció Florentino Pérez.
Cuando el presidente percibe que el vestuario se le va de las manos, no duda. Y la solución fue quirúrgica: cambio de entrenador tras la Supercopa.
Entró Álvaro Arbeloa, con un mensaje mucho más pragmático. Menos revoluciones tácticas y más jerarquías claras. Algo más parecido a lo que hicieron en su día Zinedine Zidane o Carlo Ancelotti: proteger a las vacas sagradas y mantener la paz interna.
¿Paz… o parche?
Ahora el ambiente parece más tranquilo, sí. Pero la gran pregunta es otra: ¿se ha solucionado el problema o solo se ha tapado?
Porque cuando un vestuario ya ha tenido choques de ego tan fuertes, las heridas no desaparecen de la noche a la mañana. Puedes calmarlas… pero siguen ahí. Y eso explica por qué el equipo compite a ratos, pero no convence nunca.
En mi opinión, lo que contó TGM no es una anécdota. Es la raíz de todo. Y hasta que el Madrid no recupere disciplina, compromiso y meritocracia real, da igual quién se siente en el banquillo. El problema seguirá siendo el mismo.