A pesar de que el Real Madrid terminó la noche con buenas sensaciones, con victoria y con el equipo dejando detalles positivos, hubo algo que volvió a ensuciar el ambiente. Algo que ya empieza a ser demasiado habitual.
Lee aquí la DOMADA de Arbeloa a un periodista tratando de provocarle
El arbitraje.
Porque mientras en el césped todo iba más o menos sobre ruedas, en el palco Florentino no estaba tan tranquilo.
De hecho, me cuentan que hubo momentos en los que literalmente se revolvía en el asiento. Y no era para menos.
Soto Grado protagonizó dos acciones clamorosas que encendieron al madridismo.
La primera, incomprensible: detiene el juego justo cuando Vinicius se quedaba completamente solo ante el portero.
Ventaja clarísima, ocasión manifiesta… y pita. Sin sentido. De esas decisiones que no se entienden ni en directo ni repetidas diez veces.
La segunda, todavía más irritante: un bloqueo premeditado sobre el propio Vinicius… y la falta acaba siendo para el rival.
Es decir, castigan al que recibe el agarrón.
El mundo al revés.
Y claro, esto ya no va de un error puntual. Esto va de una sensación constante de falta de criterio, de preparación y,
sobre todo, de profesionalidad en el estamento arbitral español.
Desde el club lo tienen claro: si fueran árbitros top, estarían pitando finales europeas. Pero la realidad es otra.
UEFA y FIFA apenas cuentan con ellos para partidos grandes. Y eso no es casualidad.
No estamos ya en la etapa Negreira, evidentemente, pero el entorno sigue siendo igual de turbio. Igual de poco transparente.
Igual de sospechoso.
Para mí, que Florentino se enfadara tanto por estas jugadas lo dice todo. Él no suele perder la compostura por detalles menores.
Si reacciona así, es porque entiende que el problema es estructural, no anecdótico.
Y lo peor es que la esperanza es escasa.
Con Tebas ocupando posiciones estratégicas como presidente de LaLiga y vicepresidente de la RFEF, pensar que algo va a cambiar
a corto plazo parece casi utópico. El sistema se protege a sí mismo. Nadie asume errores. Nadie dimite. Nadie corrige nada.
Y mientras tanto, los de siempre pagando el pato.
El Madrid no debería normalizar esto jamás. Ni callarse. Ni resignarse. Porque cuando aceptas estas cosas como “parte del juego”,
estás perdido.
Sí, es cansino. Sí, desgasta. Sí, cada jornada parece un déjà vu.
Pero hay que seguir señalándolo.
Ahora todas las miradas apuntan a ese informe que debe llegar a instancias internacionales. A que FIFA, con Infantino al frente,
tome cartas en el asunto de una vez por todas.
Porque mientras esta sombra negra siga planeando sobre el arbitraje español, la credibilidad de la competición seguirá bajo mínimos.
Y si esto no cambia pronto… cuidado. Porque en el Bernabéu, y también en los despachos, puede arder Troya.