JOTA REAL MADRID

Vinicius quiere renovar pero Arbeloa lucha contracorriente tras la pitada

En el Real Madrid nadie recuerda una bronca así. Noventa minutos de silbidos constantes a uno de los suyos, en su estadio y en plena temporada. Lo ocurrido con Vinicius en el Bernabéu ha dejado huella. Dentro del club se considera desproporcionado e injusto el trato que recibió el brasileño, que nunca se escondió, pidió el balón, encaró y dio la cara incluso cuando el estadio se volvió en su contra.

Álvaro Arbeloa lo tiene claro. No entiende la virulencia de la pitada y está trabajando para reconstruir el vínculo entre Vinicius y la afición, consciente de que sin él —y sin Bellingham y Valverde— el Madrid no puede aspirar a nada grande. El mensaje interno ha sido rotundo: hay que proteger a los líderes.

La bronca no solo afectó a Vinicius. Bellingham y Valverde también fueron señalados, aunque en menor medida, y después cayeron Huijsen y Camavinga. El estadio pasó del murmullo al pulgar hacia abajo en cuestión de minutos. Sorprendió a todos. Especialmente a un Vinicius que vive el fútbol desde lo emocional y que sintió el golpe desde que escuchó su nombre por megafonía.

Y aquí aparece el punto delicado: Vinicius quiere renovar, pero episodios como este pueden pesar. No solo en él. También en su entorno y en su agencia, Roc Nation Sports, que no termina de comprender la cultura del Bernabéu ni sus códigos no escritos. En Valdebebas lo saben y por eso Arbeloa está encima del jugador, intentando que este episodio no cambie su hoja de ruta.

Porque el contexto ha cambiado. Arabia Saudí vuelve a la carga por Vinicius, tal y como adelantó AS. El interés del PIF es real y sostenido en el tiempo. No es una amenaza inmediata, pero sí una tentación latente. Y en un escenario de dudas emocionales, cualquier ruido externo se amplifica.

El club blanco mantiene una postura firme. Quiere renovar a Vinicius y le ha puesto sobre la mesa un contrato hasta 2030, con una ficha cercana a los 22,5 millones netos por temporada. El brasileño pide más: una prima de renovación que elevaría su salario hasta los 27 millones. El Madrid no contempla pagar prima a un jugador con contrato en vigor. Y tampoco estirará más la cifra.

El mensaje es claro: o renueva antes de julio o será traspasado este verano. El club no permitirá que llegue a 2027 sin ampliar, con riesgo de salida libre. Vinicius y su entorno lo saben.

Mientras tanto, Arbeloa juega su partido más complejo. Levantar al futbolista, devolverle la confianza, reconciliarlo con la grada y aislarlo del ruido… justo cuando Arabia llama a la puerta y el Bernabéu ha dejado cicatriz.

La Champions es el primer examen. Vinicius estará ahí. Arbeloa confía en que el mejor Vini vuelva a aparecer donde siempre lo ha hecho: en las noches grandes. Porque si el brasileño sonríe otra vez, el Madrid respira. Y si no, el debate ya no será solo deportivo.

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