Jürgen Klopp vuelve a aparecer… y vuelve a quedarse por el camino. No es nuevo. Según cuenta José Félix Díaz, el técnico alemán ha sido relacionado una vez más con el banquillo del Real Madrid, pero, como tantas otras veces, no ha pasado de rumor. El club tomó otra dirección. El elegido fue Álvaro Arbeloa.
La destitución de Xabi Alonso abrió el abanico de nombres habituales. Entrenadores de peso, perfiles internacionales, viejos anhelos. Y entre ellos, como casi siempre, Klopp. Da igual el contexto: una crisis, dos derrotas seguidas, una salida traumática o un cambio de ciclo. El nombre del ex del Borussia Dortmund y del Liverpool aparece de forma casi automática en tertulias, debates y deseos proyectados sobre el banquillo blanco.
La realidad, sin embargo, ha sido otra. El Real Madrid apostó por un perfil de la casa, alguien que conoce el club desde dentro y que ha logrado, en poco tiempo, reconectar con el vestuario, algo que venía faltando. Arbeloa fue la elección para intentar cambiar el rumbo… y los primeros síntomas apuntan a que la comunión con los jugadores es hoy mayor.
Klopp, mientras tanto, sigue en su sitio. En los últimos trece años ha sido vinculado al Madrid más por el ruido exterior que por movimientos reales. Ni siquiera en los momentos de mayor incertidumbre —las salidas de Zidane o Ancelotti— hubo pasos firmes. Y esta vez no ha sido diferente.
La única novedad reciente es que su nombre volvió a coger fuerza en Alemania, alimentado por informaciones que cuestionaban su supuesta retirada de los banquillos. Pero el propio Klopp se encargó de apagar el incendio. “Estoy completamente en paz donde estoy”, dijo. “No quiero estar en ningún otro sitio”.
Eso sí, dejó una frase abierta, muy suya: “Nunca se puede decir nunca”. Una puerta entreabierta que mantiene viva la ilusión de sus seguidores y la especulación permanente.
En Madrid, mientras tanto, el foco está en otro lado. Klopp vuelve a quedarse esperando. Arbeloa ya está en el banquillo. Y esta vez, el club ha elegido mirar hacia dentro antes que volver a soñar con viejos nombres de fuera.