El baloncesto europeo atraviesa un momento clave y el Real Madrid sigue sin mover ficha. Mientras la mayoría de los grandes clubes han optado por asegurar su continuidad en la Euroliga, el club blanco se mantiene al margen, observando, negociando y dejando pasar el tiempo. Es, hoy por hoy, el único gigante que no se ha comprometido con la competición.
Todo apunta a que el Barcelona y el Fenerbahçe firmarán una renovación por diez años. El grueso de los equipos históricos desconfía del proyecto NBA Europa, todavía verde y lleno de incógnitas. Sin embargo, el Real Madrid no ha cerrado la puerta a nada. Mantiene conversaciones con la Euroliga, pero también se reserva la carta del 30 de junio como fecha límite para decidir.
Esta indefinición ha encendido el debate interno y externo. Las peñas de baloncesto del club han publicado un comunicado conjunto en el que expresan su preocupación. “Irnos solos a una nueva competición sería un error”, advierten. Defienden un baloncesto europeo en el que el Madrid pueda medirse a rivales históricos y con tradición, algo que —a día de hoy— no garantiza el proyecto NBA-FIBA. El mensaje es claro: ser pioneros sí, pero no en solitario.
La opinión de la afición también refleja esa división. En una encuesta reciente, el 58% de los lectores se decantó por seguir en la Euroliga, mientras que un 42% ve con buenos ojos el salto al nuevo torneo impulsado por la NBA y la FIBA.
Ingresos, desgaste y fricciones
Desde el club se señala un problema de fondo: el baloncesto pierde dinero. La Euroliga no genera los ingresos necesarios y el Madrid acumula déficits anuales. Además, su estructura comercial en la sección no está entre las más potentes del continente. A eso se suman las tensiones internas vividas en los últimos años, especialmente tras la salida de Jordi Bertomeu en 2022, que fracturó a los clubes en dos bloques. Más reciente fue el rechazo del Madrid a la Final Four de Abu Dabi, otro episodio de desencuentro.
La Euroliga, por su parte, intenta reforzarse: alianzas comerciales, licencias más blindadas, la posible venta de un 30% de sus acciones y una mayor cercanía a mercados como Oriente Medio. Incluso la continuidad de su actual director ejecutivo, Paulius Motiejunas, está en el aire.
El escenario es complejo. Las posturas están lejos. Los números pesan. Y el Real Madrid debe decidir qué papel quiere jugar en el futuro del baloncesto europeo. El tiempo corre. Y el camino, todavía, no está claro.