Otra de las notas más interesantes que dejó la entrevista con Joaquín Maroto fue que, por primera vez,
se empieza a asumir que la responsabilidad no termina en la plantilla ni en el entrenador, sino que
va bastante más arriba. Y efectivamente, figuras que durante años habían sido incuestionables
empiezan ahora a estarlo.
La gota que ha colmado el vaso han sido los fichajes, especialmente el de
Mastantuono, incapaz de justificar los 70 millones de euros que costó.
Y Mastantuono vino de donde vino. Pero no es el único caso.
Que Endrick haya acabado cedido es otra de esas decisiones que pocos entienden.
Un jugador que costó otros 70 millones, sin minutos en el Real Madrid y
marcando goles en el Lyon. Nadie lo entiende, pero una vez más
todo apunta al mismo sitio.
Una política de fichajes cuestionada
Además, las incorporaciones de esta temporada no terminan de estar a la altura
ni de justificar el dinero invertido en ellas, lo que vuelve a dejar en evidencia a la estructura deportiva.
Está claro que el Real Madrid necesita cambiar de estrategia de fichajes,
replantearse la dirección deportiva o apostar por un entrenador que lo controle todo,
desde arriba hasta abajo.
De lo contrario, seguiremos atados a los mismos errores de siempre,
a vacíos que se repiten año tras año. Y no parece que esta temporada vaya a ser distinta
ni que vaya a haber épica alguna. Al contrario: los jugadores están fundidísimos
y no hay el más mínimo indicio de que la situación vaya a revertirse.
La decepción con Arbeloa
Por lo poco que se le ha visto en rueda de prensa, Arbeloa no tiene ni de lejos
el carácter que muchos le presuponían. Mourinho no habría dejado títere con cabeza
tras una eliminación así. Habría ardido Troya.
Se les llena la boca hablando de lo que significa jugar en el Real Madrid,
pero son incapaces de metérselo en la cabeza. Imposible.
Aunque nunca creí que Arbeloa fuera a implantar un mourinhismo 2.0,
tampoco esperaba algo tan descafeinado. Al menos lanza dardos, mensajes,
¡espabilen, hombre! Que esto es el Madrid.
Conclusión amarga
Pero nada, parece que la culpa siempre es del entrenador y que los jugadores son fantásticos.
Pues nada, a seguir protegiendo a los cracks, no vaya a ser que se nos disgusten.
Sinceramente, es increíble. Simplemente increíble.