JOTA REAL MADRID

PRE QUIEBRA TÉCNICA

Maroto confirma la CRÍTICA situación financiera del Barça

Es más que evidente que la deuda ahoga al Barça desde hace años. Además, el mandato de
Laporta no se ha caracterizado precisamente por la sobriedad y el ahorro, sino más bien por lo contrario:
fichajes fallidos, venta de patrimonio y sueldos excesivos que han terminado por lastrar aún
más la situación económica del club.

Ayer Joaquín Maroto, que mantiene buenas conexiones en el entorno azulgrana, confirmaba lo que
el The New York Times había publicado semanas atrás: ven muy difícil que el Barça pueda salir
del agujero económico
en el que se encuentra. La deuda es demasiado grande para abarcarla con
normalidad, y los retrasos en el estadio no han ayudado en absoluto. Al fin y al cabo, el nuevo Camp Nou
es la gran esperanza financiera del club.

El riesgo Negreira

Además, hay otros frentes abiertos que no se pueden ignorar. Un posible revés en el
caso Negreira, que podría desembocar en un castigo de un año sin jugar competiciones europeas,
sería desastroso en términos económicos. Según cuenta Maroto, en el Barça tienen razones de peso
para estar seriamente preocupados por este escenario.

Un gigante que aún genera dinero

Dicho esto, Maroto también dejó claro algo importante: el Barça genera mucho dinero, y eso actúa
como un colchón relevante a la hora de solicitar préstamos. En definitiva, si los bancos ven que eres
solvente y que sigues generando ingresos, muchas veces les importa más cobrar que cuándo cobrar.

Obviamente, los intereses crecen y el problema se aplaza, pero mientras esté bajo control, el sistema
sigue funcionando.

Hay que ser realistas: el Barça tiene un impacto mundial gigantesco. Durante años, con
Messi, Suárez y Neymar, conquistó Sudamérica y buena parte del mercado estadounidense. Esa etapa
expandió la marca a niveles récord y permitió, entre otras cosas, firmar a Messi uno de los contratos
más altos de la historia del fútbol.

Un equilibrio muy frágil

Sin embargo, no están exentos de riesgo. Impagos o gastos imprevistos pueden convertirse en una
señal roja para las entidades crediticias. Los bancos pueden ser flexibles, sí, pero no son una madre
dispuesta a cobrar dentro de mil años.

El gran problema es que una parte importante de la deuda es a corto plazo, con vencimientos que
llegan y obligan a refinanciar y renegociar constantemente. Y eso, lejos de ser sencillo, cada vez se
vuelve más complicado.

Por ahora, Laporta se arrima al sol que más calienta y prefiere abrazarse a las instituciones antes
que al Real Madrid. Ellos sabrán. A largo plazo, este tipo de estrategias suele pasar factura.
Al final, todo llega.

Publicaciones relacionadas