El pasado 26 de diciembre ya os advertí que el futuro de este jugador del
Real Madrid iba a estar lejos del equipo blanco, al menos de manera inmediata.
Lo de anoche en la Supercopa no ha hecho más que confirmar una sensación que en el club
llevan semanas —si no meses— rumiando en silencio.
Resulta casi doloroso comprobar cómo Endrick ya está marcando goles en Lyon,
siendo importante y creciendo en confianza, mientras que Mastantuono ha pasado
por el Real Madrid sin pena ni gloria, incluso contando con minutos y titularidades.
Y esto último es clave. Porque aquí no hablamos de un chaval al que no se le haya dado bola.
Al contrario. Mastantuono ha tenido oportunidades que muchos otros jóvenes
ni siquiera han soñado en este club. Y aun así, su impacto ha sido mínimo.
Un nivel que no era el esperado
En el Real Madrid hace tiempo que se han dado cuenta de que
el nivel no es el que se vendió.
No significa que el jugador no tenga talento, pero sí que el salto ha sido demasiado grande,
demasiado rápido y con un peso encima que le ha terminado pasando factura.
También es cierto —y conviene decirlo— que al chico le ha venido enorme la presión.
Setenta millones de euros no son una cifra neutra, y menos en el Bernabéu.
Aquí cada control, cada pase lateral y cada partido intrascendente
se multiplica por diez.
Eso sí, otros futbolistas en su misma situación no gozaron ni de la mitad de paciencia,
y eso dentro del vestuario no pasó desapercibido.
El plan cambia, pese a lo que se dijo
Por mucho que Fabrizio Romano afirmara públicamente que el club seguía firme
en su plan de confiar en Mastantuono, la realidad interna es distinta.
El jugador se va a poner en el mercado.
No hablamos necesariamente de una venta inmediata.
Colocar a un futbolista que ha costado 70 millones y que no ha explotado
no es sencillo para nadie.
Por eso, la cesión aparece como la opción más lógica y realista.
Que juegue, que tenga minutos, que gane confianza, sensaciones y continuidad.
Y luego ya se verá si es recuperable… o no.
Un deja vu llamado banda derecha
Lo más paradójico de todo esto es que el Real Madrid seguirá
sin dueño en la banda derecha.
Un problema estructural que arrastramos desde que se marchó Bale,
el último propietario real de esa zona en los años dorados.
Y no parece, además, que el club vaya a acudir al mercado para reforzar esa posición.
Ahora mismo las prioridades están claras:
defensa, centro del campo y lateral derecho.
La banda ofensiva queda en segundo plano.
Algo se rascará, como siempre, pero la sensación es la misma de los últimos años:
parches, soluciones temporales y apuestas que no terminan de cuajar.
Porque duele, y mucho, ver pasar las oportunidades delante de un jugador
que las tiene todas… y no hace nada con ellas.