La información que aportó Tomás González Martín en nuestro canal arroja luz sobre una realidad interna que explica muchas cosas. A día de hoy, el único valedor real de Xabi Alonso dentro de la directiva es José Ángel Sánchez. Ni más ni menos. Una figura clave en la estructura del club que ha frenado decisiones que, de otro modo, ya estarían tomadas.
Porque el mensaje es claro: si por Florentino Pérez fuera, Xabi ya no sería entrenador del Real Madrid. El presidente ha perdido la fe en el proyecto desde hace semanas. No le convencen las decisiones, no le gustan las sensaciones y considera que el equipo no tiene visos de reaccionar como él esperaba. Sin embargo, no gobierna solo, y ahí es donde entra el papel de Sánchez.
José Ángel Sánchez ha sido el gran defensor de la prudencia. Considera que despedir a Xabi ahora sería un error estratégico. No porque crea que el proyecto vaya a despegar de forma milagrosa, sino porque entiende que el problema va mucho más allá del banquillo. Cambiar de entrenador sin tocar el núcleo del vestuario, según su visión, solo serviría para repetir el ciclo.
Esta postura ha evitado un cese inmediato. No ha generado confianza renovada, pero sí tiempo. Tiempo para observar, analizar y, sobre todo, para que el foco empiece a desplazarse hacia donde muchos dentro creen que siempre debió estar.
Y ahí entra un factor inesperado: el madridismo empieza a cambiar el relato. Durante semanas, Xabi Alonso fue señalado como el eslabón más débil, el rostro visible de una dinámica negativa. Pero algo ha cambiado en la percepción de la grada. Cada partido, cada gesto, cada desconexión ha ido apuntando en la misma dirección: el problema son los jugadores.
La falta de intensidad, la relajación en momentos críticos, los gestos fuera de lugar y la incapacidad para sostener ventajas han ido desgastando la paciencia del Bernabéu. Y, paradójicamente, eso ha generado un cierto respaldo hacia Xabi. No un apoyo entusiasta, pero sí una comprensión creciente de que el entrenador está pagando errores que no siempre le pertenecen.
El madridismo empieza a asumir que, incluso con otro técnico, el rendimiento no cambiaría si la actitud del grupo sigue siendo la misma. Esa lectura ha colocado a Xabi en una posición curiosa: sigue siendo el más fácil de sustituir, pero ya no es el principal culpable para muchos aficionados.
Esto no significa que su continuidad esté garantizada. Ni mucho menos. Florentino sigue desconfiando y mantiene su opinión intacta. Pero el clima ha cambiado. El entrenador ya no está solo en el centro de la diana. El foco se ha ampliado y ahora apunta directamente al vestuario.
José Ángel Sánchez, consciente de ese cambio de percepción, cree que aguantar a Xabi tiene sentido también por una cuestión de justicia interna. Quemar a otro técnico sin resolver el problema de fondo sería, a su juicio, un error que el club ya ha cometido en otras etapas.
El escenario es frágil. Xabi sigue caminando sobre una cuerda floja, sostenido por un único apoyo en la directiva y por una grada que empieza a mirar a otro lado. No es una situación cómoda, pero sí reveladora.
Porque cuando el madridismo deja de señalar al entrenador y empieza a señalar a los jugadores, algo profundo se está moviendo. Y eso, en el Real Madrid, suele ser el primer paso antes de decisiones mucho más grandes.