En la hoja de ruta que maneja Florentino Pérez para el futuro inmediato del Real Madrid hay una decisión ya tomada y que no admite debate interno: el próximo entrenador tendrá que contar con Antonio Pintus. No será una sugerencia ni una recomendación. Será una condición. El presidente considera que uno de los grandes fracasos de la temporada ha sido el nivel físico del equipo y no está dispuesto a repetir el mismo error.
Florentino está profundamente decepcionado con lo que ve semana tras semana sobre el césped. Un equipo que llega tarde a los duelos, que se cae en las segundas partes y que no sostiene el ritmo en partidos exigentes. Para el presidente, esto no es una cuestión de mala suerte ni de calendario cargado, sino de preparación física deficiente. Y ahí es donde aparece una figura que, a su juicio, está incomprensiblemente desaprovechada.
Pintus se encuentra actualmente relegado a un segundo plano, con funciones alejadas del día a día del primer equipo. Una situación que Florentino no entiende ni comparte. Para él, Pintus fue una pieza clave en los mayores éxitos recientes del club. Fue el responsable de convertir al Real Madrid en un equipo dominante físicamente, capaz de sostener partidos largos, remontadas imposibles y finales de temporada al máximo nivel competitivo.
El presidente no concibe que un activo de ese valor esté “en un despacho”, mientras el equipo sufre claramente en el aspecto físico. En su visión, se trata de un desperdicio difícil de justificar. Y esa percepción ha generado uno de los roces más importantes con Xabi Alonso desde su llegada al banquillo.
Xabi aterrizó en el Real Madrid con su propio equipo de preparación física, una estructura diseñada a su medida y basada en su experiencia previa. Florentino respetó esa decisión inicialmente, pero con el paso de los meses su paciencia se ha ido agotando. Para el presidente, los resultados físicos están a la vista y no respaldan la apuesta realizada.
Este desacuerdo ha sido silencioso, pero constante. Florentino considera que el entrenador debe adaptarse a la estructura del club y no al revés. Y cuando se trata de un perfil como el de Pintus, al que atribuye un impacto directo en títulos y rendimiento, su postura es firme: no puede quedar al margen por una cuestión de preferencias personales.
Por eso, de cara al próximo ciclo, el mensaje será claro desde el primer día. Quien acepte el banquillo del Real Madrid deberá integrar a Pintus en el núcleo del trabajo físico del equipo. No habrá margen para negociar ese punto. El club quiere recuperar una identidad basada en la superioridad atlética, la resistencia y la fiabilidad en los momentos decisivos.
Florentino entiende que el fútbol moderno exige muchas cosas, pero cree que sin una base física sólida no hay sistema, talento ni idea que sobreviva. Y está convencido de que una parte importante de la crisis actual nace precisamente ahí.
Esta decisión también marca una línea clara de autoridad. El presidente quiere evitar proyectos demasiado personalizados que se desmoronen con el primer problema. Pintus representa continuidad, conocimiento del club y un método probado. Para Florentino, eso no es opcional.
Así, el futuro entrenador llegará con una condición ya escrita en el contrato: aceptar a Pintus como parte esencial del proyecto. No será una imposición caprichosa, sino una respuesta directa a una temporada en la que el Real Madrid, por primera vez en mucho tiempo, ha dejado de ser reconocible desde el punto de vista físico. Y eso, para Florentino, es inaceptable.