El triunfo frente al Alavés permitió respirar, pero no convenció. Esa es, en esencia, la lectura que traslada José Félix Díaz sobre el estado de ánimo en la cúpula del Real Madrid. El resultado evitó una decisión inmediata, pero no alteró el análisis de fondo. En los despachos sigue pesando más la sensación de estancamiento que los tres puntos sumados.
Según el periodista, el problema no es puntual ni atribuible a un mal día. La directiva mantiene la misma preocupación que antes del partido: el equipo no juega bien y no transmite ideas claras. No hay una estructura reconocible, no hay continuidad en el juego y no hay señales evidentes de que el rumbo vaya a cambiar a corto plazo. Ese es el verdadero motivo por el que Xabi Alonso continúa “pendiendo de un hilo”.
La victoria, en este contexto, se interpreta más como un alivio momentáneo que como un punto de inflexión. Internamente no se percibe que el equipo haya dado un paso adelante en lo colectivo. Se ganó, pero sin convencer. Y en el Real Madrid, cuando el juego no acompaña, los resultados dejan de ser un escudo fiable.
José Félix Díaz señala además que la directiva no cree que vaya a producirse un cambio de rumbo real con el actual cuerpo técnico. No se espera una transformación profunda ni una evolución clara del modelo. Sin embargo, existe una expectativa mínima que el club considera imprescindible: ganar los dos próximos compromisos frente a Talavera y Sevilla. No como muestra de crecimiento futbolístico, sino como requisito básico para sostener la calma institucional.
Estos partidos se convierten así en una especie de colchón temporal. No sirven para consolidar el proyecto, pero sí para evitar un escenario de crisis inmediata. La idea es sencilla: mientras se gane, se gana tiempo. Pero el margen sigue siendo estrecho y cualquier tropiezo reabriría el debate de forma automática.
Otro punto relevante que aporta José Félix Díaz es el relacionado con un posible relevo en el banquillo. En caso de que el club decida prescindir de Xabi Alonso, el encargado de asumir el equipo de manera provisional sería Santiago Solari. No Arbeloa. Esta aclaración es importante porque confirma que la directiva piensa en una solución de transición, alguien que conozca la casa y que pueda estabilizar el vestuario sin alterar la planificación a largo plazo.
Solari aparece como una figura de contención, no como una apuesta definitiva. Su perfil encaja con la idea de gestionar un periodo delicado sin generar ruido añadido, manteniendo el control mientras se decide el siguiente paso estructural del proyecto.
Todo esto dibuja un escenario claro: Xabi sigue bajo evaluación constante. La victoria no ha cambiado la percepción interna, solo ha retrasado decisiones. El club observa, mide y espera, pero sin una fe real en que el actual rumbo futbolístico pueda corregirse por sí solo.
En el Real Madrid se asume que el problema no es de resultados aislados, sino de identidad. Y cuando esa sensación se instala en la directiva, el tiempo del entrenador empieza a correr más deprisa de lo que marcan los marcadores.